La investigación científica en México: Descentralización y oportunidades de desarrollo

14 Ene

René León Valdez

El desarrollo científico en México no ha tenido un avance positivo desde finales de los años setenta a la época actual, mostrando un proceso lento e incipiente que ha devenido en un impulso casi nulo a la investigación por parte del gobierno y de las instituciones. Una de las causas se debe a la concentración de centros especializados en la capital, mientras que en la provincia son mínimos los centros que existen para la formación de investigadores. Mientras que en la metrópoli  convergen los conflictos sociales, la evasión, neurosis, ideologías y falta de comunicación, en la provincia lo que se encuentra son la falta de oportunidades de trabajo, pobreza, sumisión, falta de repercusión y una esclavitud dentro de las instituciones educativas. La concentración de los centros de investigación en la Ciudad de México, lejos de traer una estabilidad y progreso al desarrollo de la investigación científica, traen consigo una falta de coordinación entre los investigadores mostrando cada uno sus verdaderas cualidades: los que no saben, los que nos les gusta investigar, roces y cambios de personalidad, entre otros aspectos que dejan mucho que desear.

La crisis de los centros de investigación en la metrópoli se hace visible en la escasa producción de libros y artículos, y en una saturación de personal que no contribuye a los objetivos académicos y profesionales establecidos por la institución. Los artículos científicos y su impacto en el mundo de la investigación son los mejores y más poderosos medios de que uno dispone para medir la calidad y eficiencia de los institutos científicos. Pero la crisis deviene en emergencia cuando los especialistas, que deberían servir lealmente a la institución, evaden sus funciones dentro del mismo para ir en la búsqueda del sector gubernamental con el objetivo de aspirar a un puesto de prestigio que no demostrará sus capacidades dentro del ramo, sino que pondrá de manifiesto su ambición.

Para González y González (2002), en la ciudad de México se concentran los tres peligros que pueden poner en riesgo la labor científica: “el poder, el dinero y la fama” (p. 344), además de que la ciencia puede perder a muchos aspirantes debido a la tentación de las “chambas administrativas, por el confort y por el deseo de salir en la tele, o hacerse del micrófono o ser el centro de la fiesta” (p. 344). Otro problema que se hace presente en los centros de investigación de la ciudad de México es la ausencia de ética en el planteamiento y desarrollo de los proyectos científicos. La verdad ha dejado de ser el principio fundamental de la mayor parte de los institutos capitalinos donde, en vez de preocuparse por el conocimiento de la realidad, los investigadores enfocan su atención en no ser considerados opositores al régimen, mantener sus principios de ideología política actualizados, por el ansia de transmitir lo que la gente culta quiere oír, más no lo que de verdad necesita oír. 

El panorama en los centros de investigación de provincia cambia radicalmente. A pesar de su escasez y falta de apoyo gubernamental, en los institutos foráneos abundan los problemas y temas en busca de estudio y de un autor que pueda incursionar en ellos. En provincia la originalidad se puede lograr con mayor calidad y eficiencia puesto que todavía existen aspectos por conocer de la nación mexicana. La riqueza de una realidad palpable no necesita de las cuestiones ideológicas para su estudio, no se queda en la simple erudición, en el almacenamiento de datos sin sentido. Sin embargo, los investigadores de provincia se enfrentan a aspectos regionales y locales como el poco oficio, la escasez de la formación profesional, la proximidad a la brujería, en el desarrollo de su formación profesional. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) se encarga de proporcionar el apoyo necesario a los institutos, sean de la capital o de provincia, con el objetivo de que se implementen medidas para un desarrollo adecuado de la investigación científica.

Desde su creación, se han establecido programas de investigación y escuelas formadoras de investigadores, además de que se dispone de un sistema de becas que permite enviar a estudiantes de intercambio a universidades de países desarrollados con el objetivo de cosechar buenos científicos que implementen sus capacidades profesionales en regiones extranjeras. Se han incrementado los premios a la labor científica, consolidados en la creación del Sistema Nacional de Investigadores, además de un aumento en las publicaciones donde se dan a conocer los frutos del trabajo  de los investigadores en diversas disciplinas y áreas de estudio: físico-matemáticas, biomédicas y humanísticas. La descentralización de la investigación científica puede traer aspectos positivos para el desarrollo intelectual y científico del país.

Referencias

González y González, L. (2002). Obras I, Segunda parte. El oficio de historiar: Invitación a la microhistoria; Difusión de la historia. México: El Colegio Nacional. 

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