Archivo | enero, 2014

Convocatoria para participar en Seminarios

22 Ene

Comparte con nosotrxs el Programa universitario de Estudios de Género (PUEG) su convocatoria para participar a los seminarios de posgrado que se impartirán el semestre 2014-1. Aquí les dejamos los carteles y para mayor información comuníquense al correo: curriculares@pueg.unam.mx.

Cultura visual y género Crítica cultural y género Género y política

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La importancia del conocimiento histórico en las sociedades modernas

21 Ene

René León Valdez

La enseñanza y la investigación histórica dentro de las instituciones educativas han modificado las técnicas y herramientas para analizar los acontecimientos históricos desde una nueva mirada crítica y social. Hasta hace algunos años, la historia se mantenía como una disciplina solitaria cuyos vínculos con otras disciplinas no eran claros para muchos especialistas. En la actualidad, la situación se mantiene casi en el mismo estado, sin embargo, se han dado los primeros pasos para que la historia establezca lazos con otras ciencias sociales para enriquecer el conocimiento y el aprendizaje de los estudiantes. Hoy en día existen variantes de la historia como la económica, agraria, social, demográfica, urbana, cultural, de género, microhistoria, historia de los pueblos sin historia o de los grupos subalternos, de las mentalidades, etc.

Durante la segunda mitad del siglo XX  se dio un incremento en las publicaciones de todo género y de cada una de sus especialidades o áreas temáticas. Lindsay Waters impuso un orden en la forma en cómo los investigadores estaban llevando a cabo sus procesos metodológicos como un requisito indispensable para acceder y ascender a los puestos del profesorado universitario. En un escrito publicado por Waters se hace hincapié en dos factores que amenazan la estructura de las humanidades: la proliferación de obras que no aportan nada al conocimiento significativo de las humanidades y de la historia, y la radicación en las universidades de un “medidor” que le otorga más prioridad a los resultados cuantitativos que a los cualitativos en la producción académica, es decir, que el producto final tiene un valor mucho mayor que la utilidad que pueda brindar a la sociedad en su desarrollo.

Aunado a los factores antes mencionados, es importante mencionar las condiciones de trabajo en las que laboran los profesores universitarios en la actualidad y los esquemas neoliberales que predominan en las instituciones educativas. Los recortes financieros a los presupuestos de escuelas y universidades tienen un impacto negativo en la formación profesional de los estudiantes como los recortes a la contratación de profesores y la inestabilidad de sus contratos, sumado a ello la reducción de inscripciones y egresados en idiomas extranjeros, historia y ciencias sociales, donde también hacen su aparición la deserción de las escuelas y los altos índices de reprobación en las áreas antes mencionadas. Sin duda, los gobiernos que se guían bajo los esquemas capitalistas inclinan más su atención, tanto presencial como económica, a las ciencias duras sobre las humanidades, lo que ha provocado una reducción al presupuesto de las humanidades, trayendo como consecuencia la eliminación de áreas, actividades y profesorado.

El punto de preocupación que se manifiesta en las instituciones de educación básica, media superior y superior de México, tanto en los programas académicos, en los centros dedicados a la investigación, y en la formación de las nuevas generaciones y medios de información, es el espacio cada vez más reducido que ocupa la enseñanza del pasado en los procesos de enseñanza-aprendizaje en las escuelas, donde la estructura de la historia se ha convertido en algo mecánico, memorístico y superficial ocasionando que los estudiantes no sientan interés por aprender la historia de su país y mostrando una actitud de apatía hacia todo lo que tenga que ver con fechas, nombres, lugares y acontecimientos. La historia pierde cada día su papel como ciencia de la diferencia y como instrumento de comprensión de la diversidad y pluralidad propias de las comunidades humanas.

Hay que agregar a lo anterior una preocupante distorsión en el ejercicio de la profesión de historiador: éstos comienzan y tienden a escribir más para ellos mismos y los de su “especie” que hacia la sociedad en general, utilizando un lenguaje técnico que sólo ellos consideran capaces de descifrar. Chris Hedger describe las características de dicho lenguaje: “Es un signo del especialista y del elitista, bloquea la comprensión universal. Inhibe al iniciado para hacer preguntas desagradables. Destruye la búsqueda por el bien común. Encierra a las disciplinas, facultades, estudiantes y finalmente expertos en compartimentos estancos, especializados. Favorece que los estudiantes puedan retraerse en temas atractivos pero de escasa importancia y olvidar las cuestiones morales, políticas y culturales más relevantes”. El conocimiento histórico enseña que desde tiempos ancestrales los seres humanos se organizaron en grupos, tribus, pueblos y naciones donde la característica más importante es la solidaridad. Es el conocimiento que desvela la naturaleza de los seres humanos y nos acerca a los instrumentos que contribuyeron a fortalecer esos vínculos: lengua, etnias, indumentaria, relaciones económicas, estilos de alimentación, el territorio, los vínculos familiares y la organización política. Profundiza el análisis de esos procesos, lo que le da un carácter liberador y no de “fetichización”.

Referencia

Florescano, E. (2012). Historia y ciudadanía. Nexos. Obtenido el 5 de octubre de 2013, de http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102959

 

La investigación científica en México: Descentralización y oportunidades de desarrollo

14 Ene

René León Valdez

El desarrollo científico en México no ha tenido un avance positivo desde finales de los años setenta a la época actual, mostrando un proceso lento e incipiente que ha devenido en un impulso casi nulo a la investigación por parte del gobierno y de las instituciones. Una de las causas se debe a la concentración de centros especializados en la capital, mientras que en la provincia son mínimos los centros que existen para la formación de investigadores. Mientras que en la metrópoli  convergen los conflictos sociales, la evasión, neurosis, ideologías y falta de comunicación, en la provincia lo que se encuentra son la falta de oportunidades de trabajo, pobreza, sumisión, falta de repercusión y una esclavitud dentro de las instituciones educativas. La concentración de los centros de investigación en la Ciudad de México, lejos de traer una estabilidad y progreso al desarrollo de la investigación científica, traen consigo una falta de coordinación entre los investigadores mostrando cada uno sus verdaderas cualidades: los que no saben, los que nos les gusta investigar, roces y cambios de personalidad, entre otros aspectos que dejan mucho que desear.

La crisis de los centros de investigación en la metrópoli se hace visible en la escasa producción de libros y artículos, y en una saturación de personal que no contribuye a los objetivos académicos y profesionales establecidos por la institución. Los artículos científicos y su impacto en el mundo de la investigación son los mejores y más poderosos medios de que uno dispone para medir la calidad y eficiencia de los institutos científicos. Pero la crisis deviene en emergencia cuando los especialistas, que deberían servir lealmente a la institución, evaden sus funciones dentro del mismo para ir en la búsqueda del sector gubernamental con el objetivo de aspirar a un puesto de prestigio que no demostrará sus capacidades dentro del ramo, sino que pondrá de manifiesto su ambición.

Para González y González (2002), en la ciudad de México se concentran los tres peligros que pueden poner en riesgo la labor científica: “el poder, el dinero y la fama” (p. 344), además de que la ciencia puede perder a muchos aspirantes debido a la tentación de las “chambas administrativas, por el confort y por el deseo de salir en la tele, o hacerse del micrófono o ser el centro de la fiesta” (p. 344). Otro problema que se hace presente en los centros de investigación de la ciudad de México es la ausencia de ética en el planteamiento y desarrollo de los proyectos científicos. La verdad ha dejado de ser el principio fundamental de la mayor parte de los institutos capitalinos donde, en vez de preocuparse por el conocimiento de la realidad, los investigadores enfocan su atención en no ser considerados opositores al régimen, mantener sus principios de ideología política actualizados, por el ansia de transmitir lo que la gente culta quiere oír, más no lo que de verdad necesita oír. 

El panorama en los centros de investigación de provincia cambia radicalmente. A pesar de su escasez y falta de apoyo gubernamental, en los institutos foráneos abundan los problemas y temas en busca de estudio y de un autor que pueda incursionar en ellos. En provincia la originalidad se puede lograr con mayor calidad y eficiencia puesto que todavía existen aspectos por conocer de la nación mexicana. La riqueza de una realidad palpable no necesita de las cuestiones ideológicas para su estudio, no se queda en la simple erudición, en el almacenamiento de datos sin sentido. Sin embargo, los investigadores de provincia se enfrentan a aspectos regionales y locales como el poco oficio, la escasez de la formación profesional, la proximidad a la brujería, en el desarrollo de su formación profesional. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) se encarga de proporcionar el apoyo necesario a los institutos, sean de la capital o de provincia, con el objetivo de que se implementen medidas para un desarrollo adecuado de la investigación científica.

Desde su creación, se han establecido programas de investigación y escuelas formadoras de investigadores, además de que se dispone de un sistema de becas que permite enviar a estudiantes de intercambio a universidades de países desarrollados con el objetivo de cosechar buenos científicos que implementen sus capacidades profesionales en regiones extranjeras. Se han incrementado los premios a la labor científica, consolidados en la creación del Sistema Nacional de Investigadores, además de un aumento en las publicaciones donde se dan a conocer los frutos del trabajo  de los investigadores en diversas disciplinas y áreas de estudio: físico-matemáticas, biomédicas y humanísticas. La descentralización de la investigación científica puede traer aspectos positivos para el desarrollo intelectual y científico del país.

Referencias

González y González, L. (2002). Obras I, Segunda parte. El oficio de historiar: Invitación a la microhistoria; Difusión de la historia. México: El Colegio Nacional. 

Cómo hacer investigación histórica por medio de la microhistoria

7 Ene

René León Valdez

Una región es entendida como un ámbito territorial que se puede recorrer de punta a punta en un periodo especifico de tiempo, pueden ser dos días si se usa un transporte tradicional, y dos horas si se va en automóvil propio. Una región puede alcanzar una superficie promedio de diez mil kilómetros cuadrados, y sus condiciones naturales son uniformes, casi toda la gente trabaja en lo mismo y los vínculos mercantiles suelen ser estrechos. Los límites de cada región son indefinidos y cambian constantemente. Existen y han existido varios geógrafos que han emprendido el censo de las regiones de la república mexicana: Ángel Bassols Batalla, Claude Bataillon, Claudio Stern, entre otros. La mayoría de ellos coinciden en el señalamiento de un México con casi dos centenares de regiones, algunas tan precisas y claras como el Bajío de Guanajuato y otras menos conocidas que no tienen un nombre oficial.

A partir de la Constitución de 1824 quedó establecido que nuestro país se integraba con estados ya existentes desde tiempos de la Colonia, conocidos en esa época con el nombre de intendencias y provincias, ya fuera en el centro o en el norte del país. La nueva constitución se dio a la tarea de hacer un deslinde preciso, en delimitarlos sin lugar a confusión. En la actualidad, la República Mexicana se conforma por 32 estados sin problemas de limitación territorial. En México abundan los libros sobre pequeñas regiones, terruños, patrias chicas, etc. Algunos se conservan bajo la transmisión oral de generación en generación; otros, manuscritos; varios más, en forma de mecanogramas y mimeogramas; y los menos, impresos. No existe ningún catálogo exhaustivo que recopile estas obras de importancia histórica para la región donde se realizaron.

En los últimos treinta años la producción de monografías municipales ha crecido de forma constante, realizándose obras monumentales, chicas, legibles e ilegibles, algunas más llenas de falsedades y mentiras, con profesionalismo y sin él, etc. La necesidad persiste en llevar un orden sobre la elaboración de estos trabajos que intentan rescatar tradiciones, costumbres, historia, personajes y sucesos de un lugar determinado. Las historias regionales no abundan ni tienen promotores en los institutos de investigación histórica. Son escasas y buenas, aunque en la mayoría de las veces son poco profesionales. Tienen lectores que sin ninguna presión las leen ávidamente. Sin embargo, el problema que salta a la vista es que maestros normalistas y algunos profesionales de la historia han incurrido, de grado o por fuerza, en la elaboración de historias de México, donde lo patriótico hace su aparición desde los primeros capítulos, al igual que un desfile de héroes y personajes.

Uno de los personajes que promovió la elaboración de monografías regionales fue Jaime Torres Bodet y gracias  al fomento que realizó de ellas, aparecieron varios escritos en la Biblioteca Enciclopédica Popular. Desde ese entonces hasta la actualidad se han elaborado trabajos similares que recopilen documentos históricos regionales. Sin embargo, su elaboración implica aspectos positivos y negativos que pueden demeritar o exaltar la calidad de dichos documentos. Es necesario repensar su contenido y su forma. Su nula realización radica también en la forma de elaborarlas. Para poder realizar monografías con un estilo preciso, profundo y, sobre todo, histórico, es deseable que el monógrafo de cada entidad federativa sea una persona muy vinculada con el estado sobre el que escriba y que haya escrito con anterioridad sobre él. 

Los escritores deben tener aptitud para escribir y compilar la monografía con profesionalismo, es recomendable cierta uniformidad en el asunto y en la manera de exponerlo. Se espera que cada una dé una imagen global de la entidad, describa sus paisajes, relate su historia y analice diversos aspectos como su economía, la sociedad, la política, la cultura y sus relaciones con el exterior. Conviene caracterizar cada uno de los paisajes o regiones fisiográficas que engloba el ámbito estatal. La parte histórica debe abarcar la vida de los gobernantes, de las organizaciones económicas y sociales pasadas, de los valores de antaño y de los vínculos que ha tenido la entidad en cuestión con el país y las demás entidades. Se requiere que las nuevas monografías enfaticen la parte contemporánea de la entidad, sin olvidar lo pasado. La última parte en la elaboración de las monografías correspondería a la redacción clara y precisa del texto, además de cuadros, gráficas e ilustraciones que acompañen a la publicación.

Referencias

González y González, L. (2002). Obras I, Segunda Parte. El oficio de historiar: Invitación a la microhistoria; Difusión de la historia. México: El Colegio Nacional.